La nueva rampa de Isla Alao, ya terminada y próxima a inaugurarse, en la comuna de Quinchao, es una muestra concreta de cómo la infraestructura pública puede cambiar la vida cotidiana de una comunidad. La obra reemplazó una antigua rampa que ya no respondía a las necesidades actuales y permitió elevar significativamente el estándar de conectividad de la isla: hoy lanchas y barcazas pueden operar de manera segura durante todo el rango de mareas, facilitando el traslado de personas y también de vehículos y carga.
Esta obra refleja una realidad que conocemos bien en la Dirección de Obras Portuarias: en Chiloé, la infraestructura portuaria es parte del día a día de sus comunidades. En un archipiélago compuesto por decenas de islas y con cerca de 1.900 kilómetros de costa, conectarse, trasladar productos, acceder a servicios o simplemente desplazarse muchas veces depende de una rampa, un muelle o una infraestructura costera.
Por eso, nuestra tarea no termina cuando una obra se termina. Una parte fundamental de nuestro trabajo es conservar la infraestructura que ya existe, mantener sus condiciones de seguridad y asegurar que siga cumpliendo la función para la que fue construida. Durante este año hemos terminado las conservaciones de la rampa Chacao By Pass, en Ancud, y de las rampas El Pasaje y Cuyumbué, en Dalcahue y Curaco de Vélez. Son obras que quizás no tienen la visibilidad de una nueva construcción, pero que son fundamentales para mantener operativa y segura la conectividad de las comunidades.
Durante agosto, además, licitaremos la conservación de los muelles de Inio, en Quellón, y Chepu Bajo, en Ancud. Son localidades especialmente aisladas, cuyo acceso es exclusivamente marítimo o fluvial y donde las restricciones de uso de estas infraestructuras afectan directamente a sus habitantes.
Conservar, sin embargo, no significa simplemente reparar, pues también debemos ser capaces de reconocer cuándo una infraestructura dejó de responder a las necesidades de las personas y requiere un nuevo estándar. Eso fue lo que ocurrió en Isla Alao. La antigua rampa permitía principalmente el tránsito de pasajeros y presentaba limitaciones para la operación de vehículos y carga. La nueva infraestructura permite que estos flujos se desarrollen de manera más segura y simultánea, respondiendo a una realidad que ha cambiado.
Esa mirada también está presente en nuestro trabajo en los bordes costeros, las protecciones costeras y las caletas de pesca artesanal. Las comunidades que viven junto al mar necesitan infraestructura que las proteja, pero también espacios que permitan desarrollar actividades productivas, desplazarse, encontrarse y disfrutar del espacio.
En Chiloé, la Dirección de Obras Portuarias trabaja sabiendo que detrás de cada rampa, muelle, caleta o protección costera hay personas que necesitan conectarse, trabajar y vivir con mayor seguridad. Nuestra tarea es acompañar ese proceso, conservando lo que hemos construido, pero también mirando hacia adelante para que la infraestructura responda a las nuevas necesidades de la comunidad.



