Pedro Martínez Rojas: “Después de 48 años en la DOP, me voy con la satisfacción de haber contribuido al desarrollo de las regiones y del país”

Tras 48 años de servicio en la DOP, el ingeniero civil, Pedro Martínez Rojas cierra una extensa trayectoria profesional iniciada en septiembre de 1978 y que prosiguió en Antofagasta en junio de 1982 donde fuera destinado como director regional. En septiembre de 1983, sus competencias fueron ampliadas como director regional de Atacama.

Tras 48 años de servicio en la DOP, el ingeniero civil, Pedro Martínez Rojas cierra una extensa trayectoria profesional iniciada en septiembre de 1978 y que prosiguió en Antofagasta en junio de 1982 donde fuera destinado como director regional. En septiembre de 1983, sus competencias fueron ampliadas como director regional de Atacama.

A lo largo de casi cinco décadas ejerció distintas responsabilidades como profesional, director regional, seremi de Obras Publicas de la Región de Antofagasta, volviendo a integrarse al servicio en el 2004 como profesional e inspector fiscal, participando en el desarrollo de la  infraestructura portuaria, pesquera artesanal  y de borde costero.

En esta conversación recuerda sus primeros años en el Servicio; el desafío de instalar y consolidar la presencia de la DOP en Antofagasta y Atacama; las dificultades profesionales y personales que debió enfrentar; sus experiencias de perfeccionamiento en Japón y Estados Unidos; y algunos de los proyectos que contribuyeron al desarrollo y transformación del borde costero regional.

¿Cómo llegó a la Dirección de Obras Portuarias?
Yo egresé de Ingeniería Civil de la Universidad Técnica Federico Santa María el primer semestre de 1975. Era un período complejo desde el punto de vista laboral. No existían muchas posibilidades de empleo para quienes recién comenzábamos nuestra vida laboral, así que empecé a buscar distintas alternativas.

Había postulado a la Dirección de Vialidad y viajé a Santiago a consultar por el resultado de esa postulación. Mientras esperaba ser atendido, conversé casualmente con un auxiliar de servicio y le comenté el motivo de mi visita. Él me señaló que tenía un amigo en la Dirección de Obras Portuarias y me puso en contacto con un funcionario administrativo, quien me ayudó a llegar hasta la Secretaría del Director Nacional de Obras Portuarias

Tuve entonces la oportunidad de conversar con el Director Nacional, quien se comunicó con el Jefe del Departamento de Estudios. Luego de ser entrevistado, me solicitaron mis antecedentes y finalmente se dispuso mi contratación.

Así fue como llegué a la Dirección de Obras Portuarias, en septiembre de 1978. Fue una circunstancia bastante fortuita, pero terminó marcando los siguientes 48 años de mi vida profesional.

Este 30 de septiembre cumple 48 años de servicio ¿Qué significa mirar hacia atrás después de todo ese tiempo?
Es prácticamente una vida completa. Son 48 años vinculados al Ministerio de Obras Públicas y, particularmente a la Dirección de Obras Portuarias, durante los cuales viví innumerables experiencias tanto profesionales como personales.

Mis primeros años fueron en Santiago, trabajando principalmente en el área técnica. Me correspondió desarrollar proyectos y realizar inspecciones en distintas zonas del país. Recuerdo, por ejemplo, el proyecto de mejoramiento y reconstrucción de las rampas de Pargua y Chacao.

En el año 1981, se iniciaron proyectos y obras en la Región de Antofagasta y tuve que viajar periódicamente en comisión de servicio para inspeccionar esas obras.

En junio de 1982 fui destinado definitivamente a Antofagasta como director regional. Era un desafío profesional importante y también tenía un significado personal, porque mis padres vivían aquí.

Luego, en septiembre de 1983, se amplió mi competencia como director regional de Atacama. Eso significó asumir responsabilidades sobre un territorio muy extenso y en condiciones bastante distintas de las actuales.

 ¿Cómo era trabajar en Antofagasta en esos primeros años?
Fue un desafío enorme porque, en la práctica, tuve que comenzar prácticamente desde cero.

Cuando llegué a Antofagasta no existía una oficina operativa de la Dirección de Obras Portuarias. La persona que había estado anteriormente había cerrado la oficina en 1975 y enviado las llaves por correo a Santiago. No había escritorio, mobiliario ni personal con el cual comenzar a trabajar.

Yo provenía del área técnica de Santiago, donde estaba dedicado principalmente a proyectos e inspecciones de obras, y de pronto tuve que aprender una serie de materias administrativas que hasta entonces no formaban parte de mi trabajo habitual: resoluciones, actos administrativos, archivos, correspondencia oficial y, en general, todo lo necesario para hacer funcionar una oficina regional.

Fue una etapa exigente. Poco a poco fui consiguiendo los elementos necesarios, instalado en una pequeña oficina y comenzando a formar un equipo.

Mirándolo después de tantos años, creo que esa experiencia fue muy importante, porque me obligó a aprender que la función pública no consiste solamente en resolver aspectos técnicos. También requiere capacidad de gestión, iniciativa, perseverancia y, especialmente, disposición para relacionarse con las personas y comprender las necesidades de cada territorio.

¿Qué significó asumir también la Región de Atacama ?
La ampliación de mis funciones a Atacama, en septiembre de 1983, aumentó  considerablemente las responsabilidades.

Durante bastante tiempo contábamos con muy pocos recursos humanos, por lo que había que hacer prácticamente de todo. Me correspondía recorrer ambas regiones, inspeccionar obras, participar en reuniones y relacionarme directamente con Seremis, Alcaldes y Alcaldesas, Gobernadores Provinciales, Intendentes regionales y otras autoridades.

Recuerdo especialmente los largos desplazamientos por carretera. Manejaba personalmente la camioneta fiscal y debía atravesar extensas zonas del desierto, realizando viajes de siete u ocho horas para atender las distintas obras y necesidades del territorio.

Eran condiciones bastante más difíciles que las actuales, especialmente en materia de comunicaciones y conectividad. Sin embargo, esa presencia permanente en terreno me permitió establecer una relación muy directa con las autoridades y las comunidades.

Tengo muy buenos recuerdos de aquella época y de muchas de las personas con las que me correspondió trabajar.

 En esos primeros años también enfrentó uno de los momentos más difíciles de su vida.
Sí, en enero de 1984 tuve un accidente cuando viajaba al sur con mi familia.

Recuerdo perfectamente ese día. Habíamos pasado a despedirnos de mis padres y luego iniciamos el viaje. Era una ruta que había recorrido muchas veces y nunca imaginé que pudiéramos sufrir un volcamiento. Como consecuencia de las lesiones sufridas en el accidente, días después,  falleció mi esposa, Marta, y quedé viudo con mis dos hijas. Sin duda fue uno de los momentos más dolorosos de mi vida.

Producto de mis propias lesiones estuve aproximadamente dos meses alejado del Servicio. En esas circunstancias recibí un apoyo que siempre he valorado. El Ministerio facilitó el avión institucional para trasladar a mi esposa a Santiago gravemente herida y mis padres, que vivían en Antofagasta, fueron fundamentales para ayudarme con mis hijas y permitirme continuar.

Después tuve que reconstruir mi vida familiar. En 1987 me volví a casar y formamos una nueva familia. Tengo mucho que agradecer a mi señora Angélica, por todo lo que entregó para ayudarnos a salir adelante y, especialmente, por el apoyo y cariño brindado a nuestras hijas para que pudieran crecer y educarse.

Es una parte muy personal de mi historia, pero también forma parte de estos 48 años, porque mi vida familiar y mi trayectoria profesional estuvieron inevitablemente unidas.

En el ámbito profesional, ¿qué experiencias recuerda con especial satisfacción?
Una de las experiencias que recuerdo especialmente fue la posibilidad de efectuar un curso de perfeccionamiento en Japón, en 1988, en materias de puertos y bahías. Permanecí allí durante  cinco meses y fue una experiencia profesional y cultural muy importante.

Posteriormente, en 1995, el Servicio me designó para participar, junto con otros profesionales, en una pasantía en Estados Unidos. Durante aproximadamente 15 días recorrimos distintos puertos de las costas del Pacífico y del Atlántico, además del golfo de México.

Estas experiencias fueron muy enriquecedoras porque permitían conocer otras realidades, tecnologías y formas de abordar el desarrollo portuario, y posteriormente aplicar parte de esos conocimientos en nuestro propio trabajo.

Paralelamente, la situación de la oficina regional comenzó a mejorar. A partir de la década de 1990 se fueron incorporando profesionales y autorizando nuevos cargos. Llegamos inicialmente a contar con un equipo de cinco personas y, hacia 1997, ya disponíamos además de ingenieros civiles y un constructor civil.

Fue un cambio significativo respecto de aquellos primeros años en que prácticamente había que enfrentar todas las responsabilidades con recursos muy limitados.

Usted también tuvo una participación importante en el desarrollo de la infraestructura para la pesca artesanal.
Sí. Es una etapa que recuerdo con especial satisfacción. Al principio de los años noventa la principal preocupación de la Dirección de Obras Portuarias era la reconstrucción y desarrollo de los grandes puertos, como Valparaíso, San Antonio, San Vicente y Punta Arenas, pero paralelamente comenzó a adquirir cada vez mayor relevancia el desarrollo de la infraestructura destinada a la pesca artesanal.

Tuve una relación bastante estrecha con la Confederación Nacional de Pescadores Artesanales de Chile, Conapach, y participé en distintas actividades de carácter nacional con los pescadores. Hacia 1995 se realizó en Mejillones un taller para representantes de la pesca artesanal de las tres primeras regiones del país. Me correspondió realizar una presentación sobre conservación de infraestructura pesquera.

A partir de esa experiencia pasé a desempeñarme como relator de la DOP en actividades similares desarrolladas en distintas regiones de Chile, abordando no solamente materias relacionadas con conservación, sino también a la administración de las obras e iniciativas que el Servicio estaba impulsando para el sector. Para mí aquello representó un reconocimiento profesional, pero, sobre todo, me permitió conocer directamente la realidad de los pescadores artesanales a nivel país y comprender la importancia que una obra de infraestructura puede tener en el trabajo cotidiano y en la calidad de vida de una comunidad.

También tuvo un papel en el desarrollo del borde costero de Antofagasta. ¿ Qué recuerda de ese proceso?
Creo que esa es una de las etapas que mayor satisfacción profesional me produce. En Antofagasta fuimos pioneros en impulsar proyectos de mejoramiento del borde costero y el desarrollo de playas artificiales. A fines de la década de 1990 comenzamos a plantear estas iniciativas mediante un Convenio de Programación con el Gobierno Regional.

En aquellos años construir playas era considerado por algunos sectores casi como un lujo. Me correspondió defender estos proyectos ante el Consejo Regional.

Mi planteamiento era bastante sencillo: Antofagasta poseía algunas de las actividades productivas y científicas más importantes del país y del mundo, particularmente en minería metálica y no metálica, grandes observatorio y además de una importante investigación astronómica desarrollada en el norte de Chile. Sin embargo, la ciudad también no contaba con espacios públicos de calidad para el esparcimiento, la recreación y el encuentro de sus habitantes.

Finalmente, esos proyectos pudieron concretarse y se desarrollaron distintas intervenciones de borde costero y playas. Con el tiempo, esta mirada sobre el borde costero se extendió también a otras regiones del país. Por eso, cuando veo el uso que las personas hacen actualmente de estos espacios, siento una satisfacción especial. Una obra pública adquiere verdadero sentido cuando deja de ser solamente infraestructura y pasa a formar parte de la vida cotidiana de las personas.

Haber contribuido, desde la DOP, a ese proceso de transformación del borde costero de Antofagasta y de mi Región, constituye uno de los recuerdos profesionales que más valoro.

¿Cómo ha cambiado la DOP durante estos 48 años?
Ha cambiado muchísimo. Cuando ingresé al Servicio no existían computadores. Trabajábamos con máquinas de escribir y elaborar un oficio podía ser una tarea bastante más compleja que hoy. Tampoco disponíamos de las facilidades actuales para reproducir o transmitir documentos; se utilizaba papel calco, se preparaban originales y la documentación debía enviarse físicamente.

Las comunicaciones también eran muy distintas y, especialmente en regiones, los equipos eran reducidos. En los primeros años había que asumir múltiples funciones. Con el tiempo se fueron incorporando profesionales, técnicos y administrativos y comenzaron a formarse equipos más completos y especializados. Pero creo que también se produjo otro cambio importante: evolucionó la forma de comprender el papel de las regiones y del borde costero.

La infraestructura portuaria dejó de entenderse solamente desde una perspectiva estrictamente productiva. Se incorporaron con mayor fuerza las necesidades de la pesca artesanal, el mejoramiento del borde costero, los espacios públicos y la relación de las ciudades y comunidades con el mar. He tenido el privilegio de observar y participar en una parte importante de esa transformación.

Después de tantos años, ¿hay alguna enseñanza que considere especialmente importante?
Probablemente una de las principales enseñanzas es que las obras finalmente son para las personas. Como ingenieros podemos concentrarnos mucho en los aspectos técnicos: diseños, cálculos, especificaciones, contratos y construcción. Todo eso es indispensable. Pero detrás de cada proyecto existe una comunidad que espera una solución y un territorio que tiene determinadas necesidades.

También aprendí la importancia de estar en terreno. Durante muchos años recorrí extensamente Antofagasta y Atacama y posteriormente tuve la oportunidad de conocer prácticamente todo Chile. Eso permite comprender que las soluciones no siempre pueden pensarse exclusivamente desde una oficina.

Cada región tiene características, dificultades y necesidades diferentes. Y aprendí también que ninguna obra importante es el resultado de una sola persona. Los proyectos se concretan gracias al trabajo de equipos profesionales y técnicos, autoridades, trabajadores, organizaciones y comunidades. Si algo puedo rescatar después de 48 años es precisamente el valor del trabajo en equipo y del compromiso con el servicio público.

Hoy termina una etapa ¿Con qué sensación se queda?
Como ocurre en una trayectoria tan larga, existen momentos dulces y otros difíciles

Hubo momentos de mucha dificultad, especialmente durante los primeros años, cuando tenía que enfrentar grandes responsabilidades prácticamente solo y con recursos disponibles muy limitados. También enfrenté en lo personal, momentos extremadamente dolorosos como la perdida de mi primera esposa y madre de mis hijas mayores.

Pero, al mirar estos 48 años en su conjunto, también hay grandes satisfacciones. Tuve la oportunidad de trabajar con muy buenos profesionales y funcionarios, conocer prácticamente todo el país, relacionarme con autoridades regionales y nacionales, pescadores artesanales y comunidades, y participar en proyectos que tuvieron efectos concretos en las regiones.

También pude observar cómo algunas iniciativas que inicialmente parecían difíciles de concretar terminaron transformándose en realidades y, en ciertos casos, sirvieron como referencia para proyectos desarrollados posteriormente en otras partes de Chile. Por eso termino esta etapa con tranquilidad y, principalmente, con gratitud.

Me queda la satisfacción de haber contribuido, desde las distintas responsabilidades que me correspondió asumir, al desarrollo de mi Región, de las regiones y del país, y de haber formado parte durante 48 años de una importante y gravitante institución en el quehacer nacional.

Finalmente, ¿Qué se lleva de la DOP?
Me llevo muchos recuerdos, pero fundamentalmente me llevo a las personas. Después de 48 años es imposible separar completamente la vida profesional de la vida personal. La Dirección de Obras Portuarias ha sido una parte muy importante de mi vida.

Cuando llegué a Antofagasta en 1982 no había oficina, vehículo, mobiliario ni equipo. Con el paso de los años vi crecer el Servicio, formarse nuevos equipos profesionales y concretarse proyectos que en sus inicios parecían muy difíciles. También vi la evolución y cambio de las ciudades, de las caletas y del borde costero.

Me voy agradecido por las oportunidades que tuve, por las personas con las que trabajé y por todo lo que aprendí durante este largo recorrido.

Uno nunca construye solo y tampoco puede atribuirse individualmente los resultados de una institución. Pero después de tantos años creo que es legítimo mirar hacia atrás y sentir la satisfacción de haber aportado una parte. Si algunas de las obras, iniciativas o decisiones en las que participé contribuyeron a mejorar nuestras regiones y la calidad de vida de sus habitantes, entonces siento que estos 48 años tuvieron sentido.

Ese es probablemente el mejor recuerdo que me llevo de la Dirección de Obras Portuarias.

Fecha: jueves, Ene 01