Proteger nuestras costas frente a un escenario que está cambiando

Por John O'Brien, director regional de Atacama.

Las costas de Chile hoy enfrentan un escenario que nos obliga a mirar esta realidad con mayor atención: marejadas más intensas, erosión costera, lluvias concentradas y eventos meteorológicos que pueden alterar en poco tiempo las condiciones de seguridad de comunidades e infraestructura. En este contexto, las obras de protección costera cumplen un papel cada vez más importante, porque generan condiciones que permitan a nuestras comunidades enfrentar de mejor manera un clima cambiante.

Los enrocados son una de esas soluciones que ya están siendo probadas en nuestra región. Hablamos de grandes bloques de roca, que diseñados y dispuestos, actúan como una barrera que absorbe y disipa parte de la energía del oleaje, protegiendo el terreno y las instalaciones que se encuentran detrás. Son estructuras que, además, tienen la capacidad de adaptarse a determinados movimientos y asentamientos del terreno y permiten realizar mantenciones y reposiciones cuando las condiciones lo requieren.

En Atacama conocemos bien la importancia de contar con esta protección, ya que las marejadas ocurridas entre el 24 y el 31 de diciembre de 2024 provocaron daños en distintos puntos del borde costero de Caldera y Huasco. A partir de esa situación, la Dirección de Obras Portuarias impulsó obras destinadas a recuperar y reforzar sectores afectados, con una mirada que va más allá de la reparación.

Y la fecha es importante resaltar, porque estos daños no fueron en invierno, sino recién inaugurado el verano.

En Playa Brava, en Caldera, se ejecutó una intervención que incorporó más de 4.200 metros cúbicos de enrocados de filtro y coraza, además de geotextil y la reposición de elementos del borde costero. En Huasco, las obras contemplaron protección de la caleta de pescadores, refuerzo del sector de boxes y una intervención de mayor envergadura en el sector sur del borde costero, con miles de metros cúbicos de roca destinados a proteger personas, terrenos, muros y áreas vinculadas a las actividades productivas.

Ambas obras cumplieron un rol durante los sistemas frontales de invierno. Y ahí lo importante de esto porque en una caleta, proteger el borde costero significa también proteger el lugar donde trabajan los pescadores. En un camino costero, significa resguardar la conectividad. En un espacio urbano, significa evitar que la erosión avance sobre terrenos y servicios que las comunidades utilizan diariamente.

Los recientes eventos meteorológicos registrados durante julio y agosto en Atacama nos recuerdan, además, que debemos prepararnos para una mayor variabilidad. Lluvias intensas, riesgo de aluviones, crecidas de ríos e incluso nevadas inusuales en el desierto muestran que las condiciones que considerábamos excepcionales pueden volver a presentarse y generar nuevas presiones sobre nuestros territorios.

Por eso, la infraestructura de protección no puede entenderse únicamente como una respuesta frente a una emergencia. Debe ser parte de una estrategia permanente de adaptación y resiliencia. La experiencia reciente demuestra que invertir oportunamente en protección permite disminuir riesgos y entregar mayor seguridad a quienes viven y desarrollan sus actividades junto al mar. Y eso es lo que estamos haciendo desde la Dirección de Obras Portuarias.

Fecha: miércoles, Oct 28